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LA VIRGEN DE “EL SALTO” EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD LATACUNGUEÑA

LA VIRGEN DE “EL SALTO” EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD LATACUNGUEÑA

POR DR. CARLOS POVEDA MORENO

Durante casi dos horas fuimos testigos de varias revelaciones que al parecer a nadie interesaba, porque así como cuenta la leyenda del descubrimiento de la imagen de la Virgen de “El Salto”, aquella que solo sirvió para dar el “brinco” y pasar de una rivera a otra en el río Yanayacu estando su arte escondido debajo de la piedra laja;  de la misma manera su memoria histórica se habría extraviado en algún momento, al punto de aniquilarle y solamente tenerle como un templo católico y nada más.
Refería el distinguido Licenciado Cristian Balseca Sánchez, Latacungueño, ex Miguelino, en su calidad de conferencista, quien indicaba que su trabajo lo realizó desde el mes de marzo de este año, de forma gratuita y voluntaria, utilizando líneas de investigación debidamente corroboradas, para llegar a determinadas hipótesis que sirvan a redescubrir la importancia de Virgen de “El Salto” y su impacto no solo en la ciudad, sino en la provincia y hasta a nivel nacional.
Los cuadros en los cuales basó su análisis los encontró no solo en el Ecuador, sino en Alemania y Estados Unidos de América, pero igualmente en un tríptico de autoría anónima del siglo XVII que lo tiene la Diócesis de Latacunga  que solamente se habría exhibido públicamente por tres ocasiones.
Se manifestaba que la pintura en análisis se realizó en material calcáreo, pero a pesar de que su autoría estaría descifrada a favor del  Fray Pedro de Bedón, no se podría afirmar categóricamente por cuanto no existe la firma del artista, situación que obligaría a realizar en una próxima ocasión un estudio científico técnico, para constatar los vestigios que podrían encontrarse debajo de este arte.
Iglesia El Salto. Foto: Viajandox.com
Nuestra ciudad siempre se caracterizó por ser una zona donde ha confluido las catástrofes naturales como erupciones volcánicas, inundaciones y otras; además que por la ubicación entre ríos siempre existió damnificación permanente.
Ante esta situación cotidiana nuestros habitantes recurrían a la devoción católica presente en sus realidades, debían ampararse en la divinidad para su protección, por lo que ofrendaban sus bienes y posesiones para protegerse a través de la Virgen María.
La representación del cuadro de la Virgen de “El Salto” con los contenidos iconográficos permiten descifrar varias realidades y sobre todo aseverar la relación el con nuestro volcán Cotopaxi, la fauna de nuestra localidad y otros, así como la vestimenta y las joyas que lleva.
Se indicó también que en el cuadro que reposa en la iglesia, existen añadidos que no son parte de la pieza original, como son las manos de la Virgen que no guardan relación con el diseño inicial; obviamente en épocas anteriores no existía conciencia del patrimonio histórico nacional.
Lo más interesante resulta que la protección de la Virgen de “El Salto” data a partir de las catástrofes de 1698, sin que esto signifique una prioridad cronológica, sino una gran verdad al protegernos con las dos deidades de esta ciudad.
La relación de los miembros de los pueblos y comunidades indígenas para la vigencia de esta devoción resulta un mestizaje propio, por  cuanto en estas imágenes constan figuras representativas originarias vestidas a la usanza española, incluidos en imágenes católicas.
Este patrimonio histórico  se relaciona con nuestros pueblos ancestrales, donde el sincretismo entre dos culturas se destaca en un diálogo pacífico que debe mantenerse sin criterios colonialistas y de visión occidental, ya que la ubicación de la ciudad alrededor del agua como líquido vital, de supervivencia así como de cultivo, merecía también la consideración de lugares sagrados.
La otrora Latacunga se nutrió de los principales molinos de la zona y de la región, los mismos que tenían que estar ubicados en las riberas de los ríos como sucedió en nuestra realidad, de ahí  que tenemos el origen de la máchica, proveniente de la cebada. Los Molinos Monserrat, actualmente casa de la Cultura fue uno de estos ejemplos.
Por este motivo los lahares que bajaban del volcán Cotopaxi, causaban enormes estragos no solo para sus habitantes, sino también para la economía de esta localidad.
El relato ahora continua con la existencia de los más importantes monasterios en esta ciudad, al menos dos principales; la de los Jesuitas, orden que en su mérito existía la calle de la Compañía y que conformaba el sector del parque Vicente León hasta los molinos de Monserrat; y al mismo tiempo comprendía  el barrio “Caliente”  también denominado como  Arcuchaca”,  en mérito del puente que tenía la forma de arco y que desapareció en una  de las erupciones del volcán.
La orden de las Carmelitas Descalzas que se asentaron en este terruño, pero que lamentablemente con los jesuitas salieron por las amenazas naturales inminentes, y luego por decisiones políticas nacionales.
El ilustre expositor en cada momento nos reiteraba en recuperar nuestra identidad, en base al análisis de este tipo de obras artísticas y pictóricas como las que fue objeto del conversatorio, pero además afirmar que es necesario conocer de nuestro pasado para proyectarnos al futuro, pero sobre conocer el potencial que teníamos como ciudad y provincia.
Imposible quedarse ante muchas dudas cuando me siento parte de un entorno con tanta riqueza histórica y cultural; por este motivo fui a conversar con Cristian Balseca Sánchez, quien muy gentilmente me invitó a su lugar de trabajo en el museo de Numismática del Banco Central del Ecuador, ubicado en la calles Sucre y García Moreno de la ciudad de Quito, contiguo a la iglesia de la “Compañía”.
Su presencia seria, de voz pausada, reflexiva y la pasión que contagia, me urgió a preguntarle si es consciente de la dimensión de su estudio, a lo que me respondió que la única finalidad es la de tener referentes de identidad histórica, pero además de reescribir una historia, no desde una visión colonialista u occidental sino propia, en la cual hay elementos que pueden variar lo que por siempre hemos aceptado como una verdad inmutable.
Sus explicaciones me proyectaron a lo que realmente debía ser el sector del “El Salto” en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX; pero a la vez referirse que no son elucubraciones sino que sus fuentes son científicas y verificadas.
Al  considerarse que fue un santuario lo obvio para los católicos  era haberse producido este prodigio, ante lo cual me confirmo que el 26 de junio de 1877 ante la erupción del volcán Cotopaxi, y la presencia de lahares en la ciudad, éstos llegaron solamente hasta la parte baja de la ermita, ante lo cual el capellán subió al campanario para advertir que se había producido este portento, actuación divina que fomentó la peregrinación desde ciudades de la Costa y de otros lugares distantes.
Me confirma que el tríptico que se exhibió la noche del conversatorio le señala un elemento adicional a la pertenencia de la imagen con nuestra ciudad, por cuanto en el reverso aparece un mapa de la ciudad de Latacunga, situación atípica que deja entrever aún más que esta deidad no es importada o implantada en la ciudad, que si bien su figura tiene características europeas,  su descripción es propia de Latacunga, por el color de la tez, las figuras que adornan la figura central y un colibrí en la mano del niño Jesús, aves que en Latacunga existían, por cuanto al estar cerca de una fuente de agua, el paisaje natural era abundante y prolífero.
Sus fuentes de cita son muy renombradas  no solo por sus aportes y conocimiento, sino por el origen latacungueño, como son: Eduardo Paredes Ortega, Samuel Poveda,  Marco Karolys, Neptalí Zuñiga,  Eduardo Meythaler, Franklin Barriga López,  Roberto Escudero, etc., lo que origina la rigurosidad de la investigación, ya que no podría haber emitido un criterio sino a la luz de datos verificados.
Pude leer después de este diálogo,  la tesis de grado del licenciado Roberto Escudero  Izquierdo sobre el tema: Memoria Colectiva e Identidad en el barrio “El Salto” de la ciudad de Latacunga”, previo a la obtención del título de licenciado en Antropología Aplicada de la Politécnica Salesiana de Quito, y en verdad que da luces sobre este sector, así como se constituye en un referente académico primigenio que ojala pueda ser socializado con mayor amplitud, mayor referencia puede encontrarse en el siguiente link: https://dspace.ups.edu.ec/bitstream/123456789/6041/1/UPS-QT04245.pdf
Proseguimos en esta conversación y me informa la existencia de un personaje que podría haber originado la fiesta de la santísima tragedia o “mama negra”, solicitando protección a la Virgen de la Merced, su nombre es María Gabriela de Quiroz, dueña de la hacienda Cunchibamba y molinos ubicados en el barrio caliente, quien ofreció esta festividad que debía ser instituida cada  nueve de diciembre.
En lo referente a la construcción de la iglesia de “El Salto” según los estudios arquitectónicos se logra determinar que inicialmente fue una ermita y luego en varias etapas fue construyéndose la misma, pero denota algo particular como es el caso de que sus columnas son de estilo egipcio.
Aún por ejemplo recordamos la fiesta de la santísima tragedia en el mes de septiembre y claro que recordamos que los honores multitudinarios no solo se los realizaba en la iglesia de “La Merced” sino también en la iglesia de “El Salto”, pero lamentablemente existió división y de poco fue apropiándose una sola veneración que no responde a la realidad de nuestra ciudad.
Se relata que en el sector de El Calvario es una montaña donde se presume coinciden los cuatro vientos, lo que genera que sea muy especial no solo para el mestizaje de nuestra ciudad sino también con repercusión ancestral, lugar éste, en el que también existía una cruz de referencia.
El sector de la Laguna por ejemplo podría haber sido un lugar de rituales de purificación, por lo que el destino que hoy tenemos no tendría ninguna relación con lo que originalmente habría sido utilizado.
Advierte sin embargo, que el propósito de este trabajo además de consolidar discusiones y réplicas que ayuden a desentrañar nuestros comunes antecedentes, es la de evitar que existan confrontaciones entre historiadores, restauradores o museólogos, porque lo que se persigue es no denotar una sola verdad, sino una que construya una verdadera identidad.
Cristian no ha recibido apoyo o réditos económicos por esta investigación, lo ha realizado pensando en nuestra ciudad y el rescate del patrimonio histórico artístico, gestando una actuación sin fines de lucro y totalmente desinteresada.
Se evidencia obviamente que la política  pública municipal de cultura se encuentra casi ausente, porque no puede centrarse  de manera exclusiva en dos fiestas principales, la de septiembre y noviembre, sino que hay muchos vértices adicionales, como es el caso que debería conocerse el destino de los documentos históricos de la ciudad, quien lo cuida o lo posee, así como describir el lugar de dónde se encuentran.
Y en este orden de ideas, lo esencial sería tener un Centro Local de Investigación de Identidad, que sería el organismo encargado de realizar este tipo de estudios con personeros de esta institución, toda vez las competencias   se encuentran  otorgadas al GAD Municipal.
El sueño de nuestro invitado es crear un museo de la ciudad  y el lugar propicio según su criterio sería la Casa de los Marqueses, que por cierto nos preguntamos dónde se encuentran las piezas, objetos y demás que se encontraban en este lugar, ojala estén bien resguardados y debidamente inventariados.
También comentamos sobre la creación de un equipo multidisciplinario que defienda nuestro patrimonio, porque se va perdiendo, y quedo más convencido que sin estos elementos la identidad también se esfuma.
Entre estas interlocuciones conversamos sobre las denominaciones de nuestras calles y su razón de su inserción, a tal punto que por ejemplo tenemos nombres extranjeros referidos a genocidas o tan extraños, que no existe relación alguna con nuestra localidad.
Pero también advierte que nos falta investigación y a la par generar publicaciones científicas, que no se trate a veces de criterios que no se ajustan a la rigurosidad académica, sino que se reduce solo a un ámbito personalista.
Quisiera seguir en este relato pero los dos tenemos ocupaciones pendientes, nos levantamos del sitio de trabajo que tiene una vista espectacular, con una fondo de la Virgen del Panecillo y todo ese aire histórico.
Al bajar del sitio de reunión nos encontramos con sus compañeros de trabajo, quienes saludan y comentan de su investigación, pero identifican su origen natal y eso me pone más orgulloso de haber compartido breves momentos con un joven que a su edad está aportando notablemente a su ciudad.
Esta entrevista de por sí representa el valor de nuestros jóvenes profesionales latacungueños, que de ninguna manera la intención es  convertirse en un artículo científico, ya que solo trata de demostrar desde un punto de vista las varias interrogantes que  surgieron después del conversatorio en la iglesia de El Salto.
La tarea queda pendiente para nuestra autoridades y ojala ese presupuesto ofrecido sea cumplido, porque es vital este apoyo, para que solo se quede en palabras o en un acto más de las fiestas de nuestra ciudad de Latacunga.
Igualmente y si las circunstancias favorecen, poder hacer realidad el museo de la ciudad para que sobre todo los niño/as puedan aprender su ciudad, historia y orígenes.
Me despido del invitado agradeciendo su benevolencia y tiempo en construir mayor memoria histórica, dejando aquellos egoísmos de crítica y pesimismos.

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